Mostrando entradas con la etiqueta Fotografía de puño y letra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fotografía de puño y letra. Mostrar todas las entradas

5 de mayo de 2011

Ansío el momento


Miles de kilómetros nos separan. Hoy tengo el mismo miedo que ayer, y seguramente el de mañana, si estoy aún vivo. Nuestro amor está presente, cada minuto es un desafío para mí, y cada día, alegría para los dos. Ansío el momento de volver a verte, regocijarme en tus melosos y tiernos labios. Ansío el momento de que tu carmín me pertenezca, recorra grieta a grieta los míos, rugosos y secos. Fríos, así son en este momento, deseando que puedan ser avivados por ti, amor mío. Desgraciadamente ese momento aún debe esperar, mi actuación  en estos instantes sabes que es obligatoria. Duermo cada noche abrazado a una áspera almohada que he bautizado con tu nombre, Lucía. Tiene una hendidura profunda. Imagino que es la silueta de tus labios y me produce una amarga sensación de felicidad, que me recorre la piel. Antes de acostarme la beso, la impregno de saliva  imaginándome que eres tú quien los corresponde, pero no. Duele no poder abrazarte, duele no recibir nada a cambio. Apago la luz de mi lamparita, me arrodillo ante mi dura cama, junto mis manos y rezo. Susurro las oraciones que aprendí en el colegio, hace ya bastantes años de aquello y  muy presentes en estos momentos. Lo hago con tanta fuerza, que mis manos quedan impregnadas de sudor, ese sudor que se desliza sobre mis muñecas. Le pido que me cuide, que cada día pueda estar de nuevo delante de la cama para hacer lo mismo, que te bendiga y te proteja.  Pero siempre pensando en ti, en ese momento para abrazarte, para besarte. Pido que esta dura experiencia acabe pronto y contarte a lo que me enfrento día a día. Es difícil exponer el cuerpo a punta de pistola, o algún artefacto que te haga desaparecer por un instante. Tranquila, soy fuerte. Tú mejor que nadie sabes lo que significa para  mí vestir bajo uniformes de tonalidades verdes. En el corazón está grabada mi bandera rojigualda. No hay palabras para describir esta situación, ese día llegará y compartiré mis vivencias contigo. Significará que estás a mi lado y que este infierno llega a su fin. Unos meses nos quedan para el ansiado momento. Ese día estarás allí, recibiéndome como un campeón, como un luchador, que se jugó la  vida por su país. Obtengo la mejor recompensa, y esa eres tú. En tus ojos leeré tu sentimiento, y en tus labios los afirmaré.  Ahora toca esperar.

La Isla del Beso

Allende los mares, camino mi soledad, otrora ausente. Camino a sabiendas de que volveré sobre mis pasos baldíos una y otra vez, más tarde o más temprano. Lanzo aullidos errantes al viento tembloroso y lloro desesperado a ese gran día que se va, porque los dos sabemos que no volverá. En la copa jerárquica de la Amistad hallo la veteranía, sus mil novecientos ochenta y cuatro árboles y sus mil novecientos ochenta y cuatro nombres. Escritos quedan. Raíces que me instruyen y aconsejan, refugiadas bajo su eterno pretexto de la experiencia. La memoria es mi fiel compañera, pero, en ocasiones, intento recordar cómo y por qué acabo aquí. La amargura del error, el delirio del saber. Es entonces cuando me abandona. Ella también se ha ido. Estoy solo. La memoria es otra sirena varada, tan solo una más. Llorar no es una derrota, eso jamás, es otro paso firme hacia el triste camino de la Felicidad. Yo lo sé. Hace ya mucho tiempo de un jamás, que dejó de llover ´ahí fuera´. Hace ya muchas lunas que lanzo aquel vidrio de elixir perdido sobre la turquesa infinidad. Llegó tal día como hoy, sin avisar, y las aguas y el viaje se encargaron de despegar su añejo pasado. En la orilla la botella, en la botella un papel, en el papel una forma de carmín y en ese carmín, un beso. Solo me he atrevido a posarlo sobre mis áridos labios una vez. Nunca antes un beso supo ser tan apasionado, tan certero, afable y compasivo. Un beso, mi beso, que huele a roble y a península.

De nuestro puño y letra...PRESENTACION

En esta página encontraréis la parte más sensible y profesional de nosotros ( Fran y Mariajo). Queremos compartir con todos los blogueros nuestros artículos, crónicas, entrevistas...así como hallazañas y experiencias que se nos vaya pasando.
En esta sección del blog nos abriremos con vosotros y nos daremos a conocer como futuros periodistas.
Espero que podamos subir la mayor información posible, eso augurará buen camino en este recorrido por ser meros informadores y comunicadores.

Ahora os toca a vosotros. Aportar  vuestro granito de arena.
Y como decía Aristóteles:

"El que posee las nociones más exactas sobre las causas de las
cosas y es capaz de dar perfecta cuenta de ellas en su enseñanza,
 es más sabio que todos los demás en cualquier otra ciencia".

4 de mayo de 2011

CRÓNICAS MUNDANAS


CRÓNICA DE UN VIAJE PACIENTE O HISTORIA DE UN VIAJE INTERMINABLE 


Llego, quizá por primera vez en mi vida, con enorme tiempo de antelación a mi puerta de embarque. Pero para mi decepción no soy el primero. -Algún día lo seré-, pienso con fe infantil, en esto o en aquello. La primera y grata sorpresa que se me tiene preparada son los asientos. Los de esperar, que siempre se me hacen incómodos, me acogen con asombroso confort mientras me tumbo a leer cosas sobre James Joyce, Dublín y algunas complicaciones del amor. Tras 20 o 30 páginas cambio mi posición y entro de lleno en un estado de letargo, muy suave, que este mismo fin de semana aprendí a controlar y que me encanta. 

En la mejor de mis ensoñaciones nos llaman a filas desde el altavoz. -¡Sí, señor!- Me da por pensar. Y de inmediato me veo alli de pie, como un zombi automatizado, en la encrucijada de una fila que se parte en dos, con el muerto viviente protagonizando su centro. Una empleada viene a poner orden en una cola que está rota y en el proceso de reorganización me veo siendo defendido por dos mujeres, en dos ocasiones. -Este chico iba antes-, dicen, y me miran. -Él estaba a nuestro lado también-, le replican a mi supuesto agresor mientras me vuelven a dirigir otra mirada que, con más intensidad, parece que espera mi reacción.

 Yo me limito a sonreír muy levemente y asiento con la cabeza. Me doy cuenta de que hace ya largo rato me olvidé de hablar. -Tú me tienes que querer. Lo demás da igual-. Decía el libro de mi letargo. En verdad todo aquello no me importaba lo más mínimo. Pensaba si mis dos defensoras creerían, por mi silencio, que no hablaba su misma lengua. Y por un segundo me asaltó un ligero y absurdo placer el hecho de que me consideraran extranjero, no yo, sino otro. Placer, supongo, de sentirnos diferentes entre iguales. Por suerte al dedicarle un segundo pensamiento dejó también de tener importancia. Sobre todo al echar la vista abajo y toparme con el libro, en perfecto castellano, que sin darme cuenta andaba leyendo desde que me convertí en zombi.